Prefiero los buenos doramas, el ramen, instantáneo, casero o en Niji. Admiro a Tanizaki, Soseki y Mishima. Kawabata no me mueve una pestaña. Banana Yoshimoto: mujer, por qué ese pseudónimo!
Para y por mi abuela
Uno puede tener clases magistrales de dramaturgia, solamente por $10. Como el ARES no me respondía a mis requerimientos, me dirigí a mi video club amigo -espécimen en via de extinsión- más cercano y, para mi sorpresa, lo encontré desfigurado en video club+joyería+kiosko+local de ropa; una especie de negocio de ventas multi-target, estilo farmacity, un lugar sin identidad propia, habitado por la superposición de distintas buenas intenciones, la más importante: la supervivencia; en fin, encontré lo que yo buscaba: una clase magistral de dramaturgia a sólo $10. Mi obra de teatro tiene algunos puntos que tengo que reescribir. Por eso, decidí darme una maratón de Conduciendo a Miss Daisy (Estados Unidos, 1989), porque esta película basada en la pieza teatral de Alfred Urhy -ganadora del prestigioso premio Tony- es una clase magistral de dramaturgia y tiene una sensibilidad y unos personajes -de alguna manera- cercanos, a la que yo intento expresar con mi texto. Cómo se nota cuando una película es una adaptación de una obra de teatro, y muchas de las mejores películas lo son. La Prueba de David Auburn, La forma de las cosas de Neil Labute (Fernán Mirás y Griselda Siciliani), Billy Elliot, Closer de Patrick Marber, Agosto(la versión argentina protagonizada por Norma Aleandro!); en fin, a través de versiones cinematográficas o por puestas en escena de directores argentinos, siempre, siempre uno puede estar más cerca de estas obras que, decididamente, parecen escritas por seres extraterrestres, gente absolutamente fuera de serie, dispuesta a alterar el curso normal de la vida de uno, los gustos de uno, los anhelos de todos.
Etiquetas:
soy tu fan

